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ENERO: MÚLTIPLES ESCENARIOS
El
año 2003 inició con serios desafíos para
la democracia y el Estado boliviano, algunos de los cuales
no alcanzamos a prever en el anterior análisis de coyuntura
en el cual enunciamos que los escenarios posibles de conflicto
girarían en torno a la coca; el gas; el ALCA y tierra
y territorio con tendencias de agravarse a grados de conflictividad
extrema, pero los sucesos fueron imprevisibles. El gobierno
cometió grandes errores políticos al asumir
ingenuamente tres situaciones: 1) no valoró las consecuencias
del gran vacío político y económico que
heredó de los gobiernos de Bánzer y Quiroga,
hecho que determina que la conducción actual del Estado
no es ni puede entenderse como una continuación de
su anterior período gubernamental con vigencia plena
de las políticas de 1994, sino un escenario con elementos
de extrema conflictividad; 2) se empeñó en un
estilo de gestión caracterizado por actitudes de diálogo
directo con representantes sindicales como sucedió
en décadas pasadas, con lo cual anuló peligrosamente
las formas de representación reglamentadas en la Constitución
Política, acentuadas por la desconfianza ciudadana
en los partidos políticos y la consecuente disminución
del accionar del parlamento y 3) pensó que podía
enunciar nuevas medidas gubernamentales, sin dar respuestas
a problemas de fondo planteados por una porción conflictiva
de la sociedad civil, abusando del "diálogo sin
resultados".
Recuento de
los sucesos
Desde agosto
del 2002 el Presidente solicitó un "pacto
social" que no fue principalmente dirigido al conjunto
del país, sino a los cocaleros, cuyo accionar fluctuó
coyunturalmente entre las amenazas sindicales de bloqueos
y su representación partidaria en el parlamento.
En septiembre
2002 se produjo la primera de cinco reuniones pactadas
entre Sánchez de Lozada y Evo Morales sobre el tema
de una pausa en la erradicación y la modificación
de la Ley 1008. En octubre muere un conscripto y un cocalero
es herido, con lo cual, el diálogo se estanca y se
llega a diciembre con la política nacional "chaparizada",
el mensaje presidencial fue: La línea clara: los
que quieran bloquear, con Evo; los que quieran hablar, dialogar
y encontrar soluciones con nosotros.
Los sindicatos
cocaleros del Chapare y de los Yungas, los maestros y la Coordinadora
del Agua de Cochabamba confirmaron que iniciarían sus
movilizaciones el 13 de enero, mientras que los campesinos
dirigidos por Alejo Véliz anunciaron protestas para
el 20 y los representados por Felipe Quispe se declararon
en estado de emergencia, con miras a preparar un bloqueo apoyado
por los choferes de los Yungas, una fracción del Movimiento
Sin Tierra y los jubilados que se preparaban para movilizarse
desde Patacamaya. Véliz y Quispe plantearon demandas
sectoriales, mientras que Evo Morales propuso aglutinar demandas
como la del gas, el ALCA, la distribución de tierras
fiscales, la suspensión de la erradicación de
coca y la recuperación de las empresas capitalizadas.
El Gobierno
instruyó a las Fuerzas Armadas y a la Policía
desplazarse hacia el Chapare para neutralizar el anunciado
bloqueo en las carreteras y prohibió a la cúpula
militar sostener una reunión con Evo Morales. Mientras
se diluía el diálogo presidencial con el dirigente
sindical cocalero propiciado por el empresariado cochabambino,
a partir del diez de enero cinco mil jubilados iniciaban una
marcha hacia La Paz reclamando la indexación del incremento
anual de sus rentas según la cotización del
dólar y para plegarse a las movilizaciones cambiaron
la marcha por el bloqueo de caminos.
Para neutralizar
al Movimiento Sin Tierra, las autoridades del Ministerio de
Planificación entregaron 5.900 hectáreas de
tierra para 80 familias en la provincia Marbán de Beni,
casi 74 hectáreas para cada una, como nueva creación
estatal de una incipiente clase propietaria. El Movimiento
Sin Tierra, en respuesta, planteó el saneamiento y
titulación de tierras en todo el país; el establecimiento
de responsabilidades sobre el caso Pananti (Tarija) cuando
seis personas murieron a fines del 2001 en un enfrentamiento
por tierras y un programa de desarrollo agropecuario. El Gobierno
ofreció 500 mil hectáreas para 10.000 familias
en seis departamentos hasta el 2006 (50 para cada una) y entre
el 2003 y el 2004 propuso entregar 200 mil hectáreas
para asentamientos humanos con un financiamiento de $us 5
millones. También ofreció 700 hectáreas
de tierras con aptitud forestal sin determinar a los beneficiarios
potenciales.
El 13 de
enero se iniciaron las movilizaciones cocaleras en el
Chapare, dos días después un enfrentamiento
en la ruta bloqueada entre Cochabamba y Santa Cruz deja a
tres campesinos muertos y ocho heridos. Hacia el 21
los trabajadores del centro minero de Huanuni continuaban
su vigilia en Machacamarquita. La FSTMB comenzó sus
movilizaciones con un paro de 24 horas decretado como protesta
por la muerte de un minero en esa localidad, en enfrentamientos
con fuerzas militares. El 23 la agencia Reuters anuncia
el surgimiento de un grupo armado en Chapare para defender
las demandas indígenas frente a la represión
militar y policial. El dirigente campesino y jefe del MIP,
Felipe Quispe, se unió a Morales y al denominado Estado
Mayor del Pueblo boliviano surgido en Cochabamba el 24
de enero conformado por la Confederación de Maestros
Urbanos (CMU) dirigida por Estanislao Aliaga; Moisés
Guzmán de la COB; Oscar Olivera de los fabriles; Willy
Cabezas de los prestatarios y Luis Choquetijlla de la COD
de Cochabamba. En la segunda reunión de esta nueva
organización, Quispe y Morales exigieron la renuncia
de Gonzalo Sánchez de Lozada y Carlos Mesa, más
la resolución de 17 demandas sectoriales y políticas
que incluían desde el rechazo al ALCA hasta una Ley
para las trabajadoras domésticas.
La Iglesia,
la Defensora del Pueblo y la Asamblea de Derechos Humanos
se ofrecieron para facilitar el diálogo entre Morales
y el Presidente, pero no como mediadores del conflicto, bajo
consignas respectivas: Diálogo sin presión en
las carreteras y sin represión, sin llegar a puntos
de acuerdo, mientras tanto nuevos muertos en Colomi, 10 uniformados
heridos en Shinaota y 11 rentistas fallecidos en un accidente
de tránsito entre Oruro y La Paz, agravaban la crisis.
El
25 de enero, luego de tres reuniones presidenciales con
Morales, la Comisión de Constitución del Senado
comprometió la asistencia de Sánchez de Lozada,
Hugo Carvajal (MIR), Moira Paz (MNR), Carlos Sandy (MAS),
Gonzalo Chirveches (NFR) y Huáscar Aguilar (ADN) a
una reunión con el Estado Mayor del Pueblo para discutir
los 17 puntos demandados. La actitud gubernamental de diálogo
propiciada desde el parlamento comprometió seriamente
el cumplimiento de normas constitucionales sobre representación
ciudadana, que ingenuamente minaron su legitimidad.
El domingo
26 de enero por gestiones de la Comisión de Constitución,
la Iglesia, Derechos Humanos, la defensora del Pueblo, el
dirigente Evo Morales y el presidente Gonzalo Sánchez
de Lozada firmaron un acta de entendimiento en el que se resuelve
formar siete mesas de trabajo para tratar temas sobre el gas
e hidrocarburos; capitalización; ALCA; tierra y territorio;
presupuesto general de la nación; coca y leyes pendientes,
mientras la confederación de campesinos liderada por
Quispe volvió a desmarcarse de estas mesas de consulta
popular, condicionando el desbloqueo al cumplimiento de 72
puntos previamente demandados.
Actores, estrategias
y resultados
La estrategia
del gobierno era debilitar al MAS pero se vio obligado a reconocer
oficialmente al Estado Mayor del Pueblo. Su discurso se centró
en la negociación directa del Presidente con Morales
y con cinco Comités Cívicos de Santa Cruz, Chuquisaca,
Tarija, Beni y Pando que alzaron sus voces molestos con las
demandas cocaleras, pero interesados en los temas de las "7
mesas de diálogo". Entretanto, el Parlamento a
finales de mes sostenía sesiones que incluyeron "chicotazos"
y empujones sin lograr intervenir ni conducir el conflicto.
El desgaste
de las instituciones políticas en el mes de enero,
el desborde social rural y urbano y la fragmentación
de la sociedad civil en múltiples intereses comunitaristas
y localistas, trajeron como consecuencia la acentuación
de la "crisis política y de la sociedad civil"
que se viene gestando desde hace décadas por el abuso
de ofertas gubernamentales no cumplidas, por la desobediencia
civil a las normas constitucionales y por la multiplicidad
de demandas sectoriales que no se basan en esa idea límite
e inexistente de "nación" como referente
de integración social, política, económica,
cultural y territorial. El país es como un tren que
no tiene rumbo y cada vagón tiene ideas particularistas
de Estado nacional, desde la nación aymara, la nación
camba, el sindicalismo cocalero, los territorios indígenas
y los múltiples sectores sociales de base urbana. Pero
la crisis de enero enseña que la sociedad boliviana
no va en camino del colapso total. Los conflictos continúan
como si no hubiera pasado nada y las soluciones se están
pensando exclusivamente en la arena institucional, cuando
lo que se debe impulsar también es la tarea de "reformar
la sociedad civil", sus instituciones, sus formas de
representación a veces en el campo institucional y
a veces en el campo sindical y callejero.
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