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POSICIONES ANTAGÓNICAS EN TORNO A LA COCA
La
(re)configuración política fruto de las elecciones
presidenciales y parlamentarias del pasado 30 de junio 2002
marcaban una notoria polarización socio/política,
donde uno de los resultados de esta nueva correlación
de fuerzas fue la emergencia del Movimiento Al Socialismo
(MAS) que había posesionado el liderazgo de Evo Morales
con una proyección expectable. Este cuadro político
condicionó el accionar posterior de los diferentes
actores socio/políticos en el curso de los conflictos
de enero, veamos:
Por una parte,
desde el principio de su gobierno, Sánchez de Lozada
tenía el objetivo de neutralizar futuros conflictos
de los diversos sectores sociales que demandaban reivindicaciones
y al mismo tiempo, evitar conflictos con la oposición
política, particularmente con el MAS. Para este propósito
el gobierno entre agosto y diciembre del 2002 mantuvo una
estrategia preventiva de conflictos sociales, es decir, entabló
negociaciones directas con distintos actores sociales entre
los cuales destacan los cocaleros, en las cuales participó
personalmente el primer mandatario. Sin embargo, estas reuniones
por las posiciones antagónicas sólo sirvieron
para postergar temporalmente los conflictos.
Por otra parte,
el MAS estaba en la disyuntiva de transitar de un liderazgo
sectorial focalizado en el tema de la coca a un liderazgo
a escala nacional. Este dilema repercutió en su accionar,
porque a pesar de la expectativa que despertó a raíz
de su nutrida representación parlamentaria, no pudo
articular, ni aglutinar las demandas sociales. Frente a esta
situación optó por las movilizaciones en las
calles y carreteras con los costos políticos que implicó
esta decisión.
Radiografía
del conflicto
Las movilizaciones
de enero se centralizaron en la demanda cocalera. Si bien
ésta era una reivindicación sectorial, formaba
parte de una estrategia que perseguía la irradiación
política del liderazgo nacional de Evo Morales.
El objetivo principal
del gobierno en este conflicto estaba orientado a debilitar
a Morales mediante un aislamiento político del líder
cocalero. El gobierno adoptó dos acciones fundamentales:
Por un lado,
negoció con otros sectores sociales en conflicto independientemente
de la dirigencia cocalera. Con esta estrategia el gobierno
logró de cierta manera desarticular los propósitos
del MAS.
Por otro, ocupó
militarmente las zonas conflictivas, particularmente el trópico
cochabambino para garantizar la viabilidad de las carreteras.
Esta decisión, como era previsible, originó
enfrentamientos entre las fuerzas del orden y los cocaleros
con el saldo de varios muertos. Un dato llamativo de esta
táctica de represión fue la diferencia entre
la acción policial que se reducía a una labor
disuasiva y la acción militar que se orientaba a una
lógica de "ocupación militar del territorio"
lo que desencadenó enfrentamientos duros.
En cambio, el
propósito del MAS era aglutinar a otros sectores en
torno a su agenda temática y proyecto de liderazgo
nacional. Pero por la indecisión al interior de la
dirigencia cocalera presionada por las bases, se asumió
el bloqueo de caminos en el trópico cochabambino.
El propósito
de irradiar el conflicto fuera del Chapare fue un fiasco para
el MAS, porque en ciudades como Cochabamba, por ejemplo, sus
dirigentes creyeron tener un masivo apoyo urbano pero no lo
consiguieron, debido a la militarización citadina y
a la poca influencia en otros sectores, sin embargo consiguieron
conformar el Estado Mayor del Pueblo.
Finalmente, el
Estado Mayor del Pueblo dio un ultimátum de 48 horas,
para la renuncia del Presidente y del Vicepresidente de la
República, acompañado por una convocatoria a
los bolivianos de parte de Evo Morales "para acabar
con la dictadura de Goni" fue un error cometido por
el MAS.
Reflexiones
en torno a enero
La
conclusión indiscutible del conflicto de enero fue
que los principales actores en pugna, gobierno y MAS, quedaron
debilitados. Si bien el Gobierno impidió que el MAS
articule las demandas de otros sectores sociales en torno
a su agenda, a cambio de ello perdió su principio de
autoridad política ya que en el curso del conflicto
se ve presionado a negociar y a ceder en sus posiciones iniciales.
Otra secuela negativa para el gobierno fue la pérdida
de su legitimidad política que se explica por la acción
represiva operada durante el conflicto.
El desgaste gubernamental
posterior a los conflictos de enero fue evidente, porque solo
logró reconquistar una frágil pacificación.
A tal punto, que las proyecciones analíticas de finales
de enero, pronosticaban que la pacificación se podría
romper en cuestión de semanas. En suma, la fragilidad
gubernamental se expresó en la pérdida de autoridad
política y su decreciente legitimidad como secuelas
inequívocas de los conflictos de enero.
El MAS, por
su parte, también perdió porque no consiguió
articular las demandas de otros sectores sociales y su imagen
se deterioró frente a la opinión pública,
esta "derrota" se debe a su acción y a su
discurso de cuño maximalista. Los propios dirigentes
del MAS reconocen los errores políticos: al respecto
el diputado Dionisio Núñez cita entre los deslices
del MAS, el adelantamiento en la conformación del
Estado Mayor previsto para febrero, las movilizaciones, la
escasa diferenciación del MAS con las protestas, el
ultimátum contra el Presidente y la falta de socialización
de las demandas. Las bases no tenían información
adecuada sobre los perjuicios de entrar al ALCA o que el gas
se venda (por Chile).
El MAS no logró
convertir a Morales en un líder nacional ni en un abanderado
de la propuesta antimodelo neoliberal con los cocaleros en
la vanguardia. Otra de las explicaciones de la derrota del
MAS, fue la pugna interna de este partido en la que se impuso
la corriente radical (que respondía en cierta medida
a las bases cocaleras) sobre las posiciones conciliadoras.
A pesar que en el análisis de los dirigentes del MAS
los principales logros fueron el reconocimiento del Estado
Mayor del Pueblo y el debate sobre la venta del gas, la vigencia
del ALCA o la capitalización. Sin embargo, las mesas
de diálogo fueron una salida "simbólica"
que asumió el MAS ya que su movilización social
se debilitaba porque las conclusiones de las mesas perfiladas
en ese momento (finales de enero) no fueron de cumplimiento
obligatorio de parte del Gobierno.
Mientras tanto,
otros sectores sociales, como es el caso de los jubilados,
un sector del Movimiento Sin Tierra, los mineros y la propia
COB actuaron con una "lógica pragmática"
en la "coyuntura oportuna". Es decir, aprovecharon
el momento conflictivo que vivía el país poniendo
en la agenda social sus demandas, pero negociaron sectorialmente
con el gobierno y lograron en cierta medida sus reivindicaciones
sociales.
Finalmente, la
evaluación de las jornadas conflictivas constata que
el diálogo como un mecanismo efectivo de concertación
social se diluyó paulatinamente. El gobierno en su
relación con sus interlocutores se debilitó
al instrumentalizar políticamente el diálogo
para aplacar momentáneamente los conflictos, posponiendo
las demandas de la agenda social y no así con una voluntad
política ni capacidad de resolver efectivamente los
conflictos sociales pendientes.
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