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PARTIDOS Y MOVIMIENTOS POLÍTICOS
Para
sorpresa de los actores sociales y políticos institucionalizados,
los acontecimientos de febrero impactaron sobre el sistema
político de un modo radical. Fue la reedición
del desnudamiento de los límites de la representación
que mostraron los resultados electorales de junio del 2002.
Sin embargo, algo había cambiado. Este develamiento
se produjo en la calle, antesala de aquel lugar donde se forma
la opinión pública.
¿En ese
lugar hubo cabida para los partidos políticos?, si
así fue ¿Qué papel desempeñaron
éstos? Estos interrogantes, entre otros, sitúan
nuevamente la problemática de la representación
en el escenario político a poco más de un mes
de las jornadas de febrero. En lo que sigue veamos este novedoso
escenario a partir de: 1) la posición de los partidos
y movimientos políticos en los conflictos de febrero
y 2) de las acciones colectivas respecto de la representación
institucionalizada.
De acuerdo a
la información hemerográfica son cinco las fuerzas
políticas que aparecen a lo largo de las jornadas de
febrero: El MNR, el MIR, el MAS, el MIP y la NFR. Paralelamente,
son cuatro los espacios, institucionalizados o no, en los
que deambuló su accionar: el Gobierno, el Parlamento,
el espacio público institucionalizado (medios de comunicación,
organizaciones de la sociedad civil, etc.) y el espacio público
no institucionalizado (plazas, calles, carreteras, barrios,
etc.). El siguiente cuadro resume estos aspectos:
| Posición
de partidos y movimientos políticos en el campo
de la política |
| Fuerza
política |
Campo
de la política |
|
|
Presencia
en Gobierno |
Presencia
en Parlamento |
Presencia
en espacio público institucionalizado
(medios, soc. civil) |
Presencia
en espacio público social(la calle) |
| MNR
Y MIR |
Coalición |
Centro
del oficialismo (fragmentado) |
Limitada |
Ausente |
| MAS |
Oposición
radical |
Acción
con potencial contestatario (fragmentada) |
Fragmentada |
Activa
Fragmentada |
| MIP |
Oposición
radical particular |
Acción
sectorial(particularista) |
Limitada
a un sector campesino e indígena |
Limitada |
| NFR |
Oposición
reactiva |
Acción
particular (periférica) |
Limitada
a esferas de poder periféricas |
Limitadazado |
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Un primer
dato relevante es, sin duda, que ningún partido
tuvo una posición unitaria respecto a los conflictos
desencadenados por el llamado "impuestazo" y menos
de las salidas políticas que se podrían brindar.
En todo caso,
si bien las elecciones generales de junio del 2002 abrieron
las condiciones para modificar el sistema político
en sus variables formales - mediante la inclusión parcial
de los movimientos políticos ni los ajustes institucionales
ni las condiciones políticas llegaron a tiempo.
Estos cambios en las reglas de juego democrático siguen
siendo una tarea pendiente y se reflejó en el funcionamiento
parlamentario con impresionante contundencia. La sucesiva
postergación de las sesiones congresales y el lento
tratamiento de la agenda política lo confirmaron. Es
más, las enseñanzas de enero señalan
que la utilización de las mesas de diálogo como
espacios alternativos de discusión de las políticas
estatales, pasaron a segundo plano y, las mesas, se voltearon
para convertirse en un cuadrilátero sin contendientes
aparentes.
Un segundo
aspecto fue la limitada capacidad para procesar el conflicto.
Mientras el motín policial de febrero cuestionaba el
monopolio de la violencia del aparato coercitivo estatal,
el desborde social puso en tela de juicio el monopolio legítimo
de la violencia simbólica desde su núcleo fundamental:
la representación política institucionalizada.
De allí surge otra lección, tal vez central,
para la dinámica política en Bolivia: el monopolio
de lo político por parte de los partidos se reduce
a la esfera institucional, que también fue intensamente
cuestionada.
La primera
consecuencia es que la acción colectiva no solo
fue una reacción contra las políticas estatales,
sino que puso en tela de juicio, por un instante, todo pacto
social, todo contrato democrático representativo.
La segunda
consecuencia es que frente al desborde social, lo político
ha dejado de ser, definitivamente, el dominio estatal y partidocrático.
En los eventos de febrero, la propia red de funcionamiento
formal, institucionalizada y disciplinante de las organizaciones
de la sociedad civil fue puesta en jaque por los saqueos y
robos.
¿Qué
tiene que ver esto con los partidos y movimientos políticos?
Mucho. Su debilitada y fragmentaria acción en este
nuevo escenario, no hizo más que develar la crisis
de la institucionalidad publica estatal y la crisis de representación,
mediación y liderazgo de los partidos políticos.
Niveles de
representación cuestionados
Según
los datos con los que contamos, el cuestionamiento político
y simbólico de la representación puede resumirse
de la siguiente manera:
| Acciones
colectivas y niveles de la representación cuestionadas
desde el campo social |
| Institución
Cuestionada |
Acciones
cuestionadoras y límites institucionales |
| Presidente
y gabinete |
- Motín policial
- Pedido (inicial) de renuncia
del Presidente y algunos ministros
- Rechazo al impuestazo (ej. campesinos, pequeña
empresa)
- Demandas puntuales (ej. Colegio Ayacucho)
|
| Parlamento |
-
Rebasado por los acontecimientos
- Imposibilidad práctica para la mediación
- Polarización parlamentaria |
| Estado
Mayor Del Pueblo |
-
Rebasado por los acontecimientos
- Limitado ejercicio de mediación (poca representatividad
entre movimientos sociales y opinión pública) |
| Dirigencia
sindical (COB) |
- Rebasada por los acontecimientos
- Límites para ejercer
mediación (poca representatividad entre movimientos
sociales y opinión pública)
|
| Dirigencia
cocalera |
-
Rebasados por sus bases
- Autonomía de las Federaciones cocaleras
- Representación parcial |
| Partidos
Políticos |
-
Imposibilidad de mediar en el conflicto
- Fragmentación intra partidaria
- Legitimidad cuestionada |
Puede evidenciarse
que prácticamente todas las instituciones que se vinculan
con los partidos y movimientos políticos fueron cuestionados
por la multitud. Por un lado, la figura presidencial, el gabinete
de ministros y los partidos de la coalición y de la
oposición fueron en la práctica el blanco del
desborde. No sólo la multitud no pudo ser contenida
por las organizaciones sociales, sino que varias estas organizaciones
actuaron, a su vez, autónomamente respecto del MAS
y el MIP.
Por otro lado,
emergieron los límites de la dirigencia sindical, de
los máximos estratos dirigenciales de los cocaleros
y del Estado Mayor del Pueblo. En otros términos, las
propias organizaciones que se supone son la otra cara, el
otro semblante, de los movimientos políticos, fueron
rebasadas por el desborde. A esto se agregaron los propios
límites de la representación corporativa que
nos lleva a dudar sobre su eficacia para reemplazar a la forma
partido o, en su caso, para aceptar una combinación
entre ambas que haga frente a la crisis política.
Balance provisional
Salta
a la vista que los movimientos políticos quedaron atrapados
entre dos fuegos: el de la institucionalidad en la que participan
y el de la multitud. Ello abre evidentes signos de incertidumbre
relativos a la ampliación formal de la representación
ejecutada vía el mecanismo de las elecciones recién
pasadas. Pero sobre todo, conduce a preguntarse por el futuro
de estos movimientos en la arena política. Los sucesos
de febrero mostraron que los movimientos políticos
con notable apoyo electoral en junio del 2002 aparecieron
como una suerte de apéndice del sistema político
que critican; una paradoja que traduce la ambivalencia política
en la que se mueven.
Las jornadas
de febrero mostraron no solo los errores del gobierno y los
limites de las instituciones democráticas, sino que
la política en momentos de crisis puede desplazar su
centro de gravedad hacia las calles. Finalmente, puesto que
la acción de la multitud se presentó como el
momento de la crisis política, con capacidad de cuestionar
la organización de las relaciones entre Estado-economía
y Estado-sociedad civil, surge nuevamente la necesidad de
discutir los principios básicos de la organización
de la sociedad boliviana. Las calles brindaron, en febrero,
el mejor argumento para encausar las reformas constitucionales.
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