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CRISIS INSTITUCIONAL DEL ESTADO
Inmediatamente
después del 13 de febrero, el Gobierno se abocó
a tratar de apaciguar la situación de desborde social
y motín policial empezando por intentar cerrar el frente
que se había abierto con la Policía. El día
13 firmó un acuerdo con la institución del "orden"
logrando, al menos en lo inmediato, calmar el estado de sublevación
en el que se encontraba esa institución.
En un intento
de "explicar" lo ocurrido, Sánchez de Lozada
sostuvo que los luctuosos días de febrero tuvieron
como su causa fundamental un intento de golpe de Estado que
habría comprendido incluso el asesinato del Presidente.
No hizo acusaciones directas e invitó a la OEA a que
investigue lo ocurrido el 12 y 13 de febrero. Esta afirmación
fue percibida por la sociedad civil con escepticismo, en muchos
casos con el convencimiento de que se trataba de una maniobra
distractiva que diluía la necesaria investigación
sobre los hechos y también con cierta pesadumbre, pues
mostraba que no se comprendía o no se quería
comprender la dimensión y significado de lo ocurrido.
Ante la enorme
exigencia social de realizar cambios, el Gobierno planteó
la reestructuración del ejecutivo con la remoción
de Ministros, la reducción de Ministerios y la disminución
de los gastos del aparato de Gobierno. Este proceso que debía
realizarse con premura fue demorado y varias veces postergado
en una muestra de que al interior de la coalición se
había desatado una "pelea" de espacios y
de "pegas" que nuevamente deslegitimó a la
clase política. Finalmente, cuando se produjo el cambio
de gabinete, la desazón fue grande porque se pudo observar
que, en definitiva, no existían cambios significativos
y que el Gobierno no había modificado sustancialmente
el rumbo.
Ante la imposibilidad
de aplicar el "impuestazo" como forma de reducir
el déficit fiscal, una de las exigencias urgentes del
FMI, el Gobierno negoció con este organismo un porcentaje
menor de disminución del déficit y trató
de buscar apoyo económico en la Unión Europea.
Si bien logró que el FMI acepte su solicitud, el apoyo
económico de la U.E. y otros países es aún
incierto, manteniéndose una gran incógnita en
cuanto a qué tipo de medidas económicas se habrán
de implementar en el futuro.
En todo este
proceso el Gobierno tuvo también dificultades en su
frente interno, en la propia coalición de Gobierno,
debido a que se presentaron posiciones disidentes en cuanto
a las salidas económicas, fundamentalmente de parte
del MIR y a que también se dieron situaciones de conflicto
y pugna por los cambios en el ejecutivo y en la disminución
de Ministerios y Vice-ministerios. Estas pugnas fueron percibidas
como simples peleas por espacios de poder y por "pegas"
en completa desproporción con el drama vivido por el
país.
En el Parlamento
la oposición trató de sentar al Gobierno en
el banquillo de los acusados y éste se esforzó
por anular a la oposición y lograr la aprobación
de la Ley de Ordenamiento del Poder Ejecutivo (LOPE) y el
PGN, instrumentos que requería con urgencia para las
tareas de Gobierno. De esta manera se contribuyó a
que el Parlamento que había "desaparecido de escena"
durante las crisis de enero y febrero, constituya una de las
instancias más inoperantes de esta coyuntura. El tratamiento
de los proyectos de ley y las interpelaciones a los ministros
se realizaron en sesiones borrascosas, llenas de incidentes
y que no llegaron a nada. El oficialismo durante el mes de
febrero, no logró hacer aprobar ni la LOPE ni el PGN,
la oposición no logró la censura de ningún
ministro. El Parlamento apareció solamente como el
lugar de choque entre el Gobierno y la oposición proyectando
la imagen de que no es un espacio donde se buscan soluciones
a la dramática crisis del país, sino un lugar
para el "ajuste de cuentas" por parte de la oposición
y para "anular a los contrarios" por parte del oficialismo.
La Policía
luego de los días álgidos de febrero, continuó
con su presión sobre las instancias de Gobierno, exigiendo
que se cumplan los acuerdos firmados el 13 de febrero. Logró
que se mantenga sin cambios a su Alto Mando y evitó
cualquier tipo de sanciones a sus miembros. De todas formas,
en su seno persistió el malestar, tanto por las bajas
sufridas en los enfrentamientos con las FFAA, como por la
permanencia de grupos disidentes, entre los más conocidos
los dirigidos por el Sub Oficial Cahuana y por el Mayor Vargas.
Las Fuerzas
Armadas mantuvieron un perfil mucho más bajo, casi
desapareciendo de la escena, evitando entrar en polémicas,
pese a las acusaciones de diversos sectores por su actuación
en la represión del alzamiento.
En marzo el Gobierno
trató paulatinamente aunque aún de manera débil,
de salir de su posición "defensiva - reactiva"
que había sido la dominante inmediatamente después
de los acontecimientos de mediados de febrero.
Logró
establecer, aunque de manera muy frágil una cierta
"calma" al interior de la coalición de Gobierno,
donde solamente el MBL planteó ciertas disidencias
que, finalmente en abril, van a llevarlo a dejar el Gobierno.
Sin embargo, se trata de una "calma muy precaria"
pues existen tensiones latentes entre sus componentes, incluso
del Gobierno con el propio MNR, donde Sánchez Berzaín,
que sale del Gabinete en febrero, ha establecido su trinchera.
Con
la sociedad civil, hay también una cierta modificación
del discurso. Luego de una primera etapa en la que se intentó
explicar lo ocurrido haciendo referencia a un intento de golpe
de Estado incluyendo el magnicidio, el Gobierno aceptó
su fracaso hasta el momento, pero señalando que solamente
ha "perdido el primer tiempo" y que va a "ganar
el partido". Planteó nuevamente el diálogo
y reinició las mesas de negociación con diferentes
sectores, que habían sido interrumpidas por los acontecimientos
de febrero. Sin embargo, la lentitud de estas instancias y
la falta de resultados concretos despiertan dudas sobre si
serán instrumentos eficaces o solamente recursos dilatorios
y distractivos. De todas formas, la sociedad civil parece
haberle otorgado al Gobierno una especie de compás
de espera.
En relación
con el Parlamento, el Gobierno amenazó que si no se
aprueban la LOPE y el PGN, finalmente "va a gobernar
con Decretos". Más que una fortaleza del Gobierno,
este endurecimiento expresa la debilidad del Parlamento y
el grado de crisis institucional al que ha llegado. Esta grave
situación pone en riesgo el funcionamiento del sistema
democrático, ya de por sí profundamente afectado.
Durante marzo, el Congreso continuó sumido en la inoperancia.
Se caracterizó nuevamente por sesiones improductivas
y borrascosas. Apenas logró aprobar en Diputados la
LOPE, pasándola al Senado, cuando concluyó sus
sesiones ordinarias. Los mismos parlamentarios han reconocido
que se trata de uno de los Congresos más improductivos
de los últimos años.
Con la Policía se presentó
una situación de "calma muy frágil".
Se logró que retorne al orden pero mediante concesiones
que van desde la entrega de colchones y frazadas hasta los
compromisos de construir distritos policiales, centros médicos
o la ampliación de edificios policiales. En su seno
siguen existiendo grupos deliberativos y contestatarios (se
dice que serían al menos seis) que gozan del respaldo
de oficiales, suboficiales y tropa. De hecho el 26 de marzo,
el Mayor Vargas se pronunció públicamente en
contra de la salida del gas por Chile y planteó un
nuevo pliego petitorio. Si bien esta vez se dispuso su procesamiento,
han existido pronunciamientos al interior de la institución
en su defensa.
Las FFAA continúan con su perfil
bajo, evitando cualquier "aparición pública".
El Gobierno ha defendido a la institución y no ha dado
pie a ninguna denuncia o acción en contra de ella.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que en su seno también
existen grupos deliberativos (se habla de tres), de hecho
el 26 de marzo el Mayor Ugarte firma, conjuntamente con el
Mayor Vargas de la Policía un manifiesto público.
Inmediatamente fue separado de las FFAA y pasado a proceso.
Si bien estos grupos no parecen tener mucha fuerza y arraigo
dentro de la institución, no sabemos cómo evolucionarán
en el futuro.
Finalmente, hay que tener en cuenta
que la crisis de febrero tuvo su origen en una medida tendiente
a disminuir el déficit fiscal y aún no hay signos
de solución a este problema. Hasta ahora las reacciones
del Gobierno frente a los acontecimientos de febrero han sido
exclusivamente políticas, prebendalistas, dilatorias
y distractivas, de muy corto plazo y con resultados tremendamente
precarios. Pese a las dramáticas demandas sociales
no se ven signos de cambio y de comenzar a andar nuevos rumbos.
El Parlamento aparece tremendamente deteriorado y su crisis
amenaza profundamente al sistema democrático. La Policía
se encuentra sumida en una peligrosa crisis. En ese contexto,
solo las FFAA aparecen como el sostén más importante
del Gobierno y del Estado.
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