| Entrevista
con Mauricio Aira a propósito de su libro "Gotemburgo, destino final."
¿Porque
escribir este libro? Con alguna frecuencia mis hijos me han preguntado
porqué razón estamos en Suecia y no en Bolivia tierra de nuestro
origen. Los nietos empiezan a preguntarse lo mismo y la respuesta tiene que ser
muy concreta, muy clara y completa, puesto que parte de su identidad personal
se motiva y se explica en la respuesta. El libro obedece primero a esta necesidad
real, que además debe ser pública por las connotaciones que de por
sí tiene la vida de un exiliado. El libro si bien es una narración,
está lejos de pretender ser una novela, es un testimonio de seis meses
de mi vida a contar desde el día mismo en que fui detenido sin acusación
alguna y concluye el día de nuestra llegada a Suecia. ¿Piense
Usted que hoy en día su libro sigue de actualidad? A pesar del tiempo
transcurrido de la última dictadura militar, el tema cobra de nuevo actualidad
por dos motivos. La amenaza de un golpe militar, o mejor, de un gobierno autoritario
no está muy lejos de la realidad, mal que nos pese, por los insolubles
problemas que aquejan al pueblo boliviano. Segundo. La mayoría de los personajes
del libro, están todavía con vida desde García Meza y mis
compañeros de infortunio dentro y fuera de Bolivia. Finalmente. Aún
no se ha hecho justicia con las víctimas de la dictadura, queda todavía
un largo camino que recorrer. ¿Porque haber elegido publicar
sur obra en Internet antes de publicarla con una editora, digamos, clásica? Vivimos
en el siglo del Internet. Todas las otras formas de comunicación han quedado
o están quedando atrás. Publicarlo en Internet resulta cómodo
para el lector, para el estudioso, admite una gran flexibilidad de tiempo, o sea
uno lo lee cuando quiere, una o muchas veces, lo tiene siempre a la mano y lo
puede leer en todas partes, o sea en la Red Universal. No es acaso asombroso?
¿Que recuerdos guarda de su encarcelamiento en Bolivia? No
obstante el tiempo relativamente corto que permanecí en manos de mis captores
antes de ser puesto en un avión, las impresiones me han marcado profundamente.
La sensación de impotencia, de miedo, sobre todo por la incertidumbre del
futuro, la angustia de no poder ver a mis seres queridos, la humillación
de sentirme víctima de una tremenda injusticia, todo junto es un mal recuerdo.
¿Usted pasó varias meses de exilio en Argentina, como vivió
todo este tiempo? Buenos Aires fue escenario de una estancia obligada de
casi seis meses. Un tiempo de vida como en el limbo, ni el cielo, ni el infierno.
Abandonado totalmente a mi suerte, en medio de millones de porteños, y
sin embargo tan sólo y desvalido. Sin poder trabajar y agotado el tiempo
de la validez del pasaporte de hoja con que me embarcaron los esbirros de García
Meza, con la incertidumbre de lo desconocido, cuando la "guerra sucia"
arreciaba con toda su fuerza. Fue algo espantoso, vivir muriendo. ¿Usted
eligió ir a Suecia? Naciones Unidas me pidió tres países.
Primero elegí España por ser cuna de mi padre, Bernardino Aira,
nacido en Cataluña. Segundo país fue Italia en la esperanza de consolidar
la educación católica de mis hijos y la posibilidad de servir a
la Iglesia. Tiene que escoger un tercer país, me pidió la funcionaria
del ACNUR (Alto Comisionado de Naciones Unidas para los refugiados) y le sugiero
escoger en Suiza o Suecia porque su caso lleva prisa y aquí tenemos acomodo
inmediato. Entonces sí como única alternativa elegí Suecia.
España respondió dos meses después, Italia no respondió
nunca, Suecia concedió las visas de residencia y de trabajo para todos
nosotros, a los nueve días de presentada la solicitud en la Embajada de
Suecia en Buenos Aires. ¿El la tapa del libro se puede leer
"en colaboración con Winston Estremadoiro". De que colaboración
se trató? En realidad tuve la buena fortuna de pedir revisar los
originales a don Winston Estremadoiro, valorado intelectual y columnista de fuste,
quién accedió a mi solicitud. Trabajó con denuedo y responsabilidad
en el contexto de la obra de modo que lo subjetivo quedara en un nivel equilibrado,
tratándose de circunstancias tan sensibles y dolorosas como las que me
tocó vivir. Una palabra imprescindible. El apoyo invalorable de Karim
Boudjema, quién sin haber nacido en Bolivia quiere a nuestra patria de
modo entrañable y se interesa por su historia, por su gente, por el imperio
de la justicia y el respeto de sus ciudadanos.
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